Madrid tiene tanto que elegir se vuelve un problema. Estos son los planes que funcionan de verdad para una primera cita —por barrio, por presupuesto y por estación— y los tres que conviene evitar aunque suenen bien.
Ya habéis quedado. Ahora viene la parte que bloquea a mucha gente: en una ciudad con tantas opciones como Madrid, elegir dónde se convierte en un problema en sí mismo.
La buena noticia es que la elección importa menos por el sitio y más por tres características que debe cumplir. Si las cumple, casi cualquier plan funciona.
Las tres reglas antes de elegir sitio
Que sea corto. Una hora, hora y media. Saber que tiene final cambia por completo cómo llegas, y si va bien se alarga solo. Un plan cerrado de tres horas no deja salida digna si no fluye.
Que haya algo además de vosotras. Un sitio con cosas que mirar o un plan en movimiento da conversación gratis. Dos sillas, una mesa y nada más es el formato que más exige.
Que te pille cómoda. Cerca de tu casa o de una zona que conozcas, y con tu propio transporte de vuelta. Llegar a un barrio desconocido con el tiempo justo añade una tensión que te llevas puesta.
No elijas el sitio más bonito. Elige el que te deje irte fácil y hablar sin gritar.
El plan por defecto: café en Malasaña o Lavapiés
Si no quieres pensar, esto resuelve. Malasaña y Lavapiés están llenos de cafeterías donde se puede estar una hora sin que nadie te meta prisa y sin tener que levantar la voz, que es el fallo de medio Madrid.
Funciona entre semana por la tarde o un sábado por la mañana, es barato y el final está claro sin que nadie tenga que inventarse una excusa. Si va bien, las dos zonas dan para seguir andando.
La variante de tarde-noche es la caña en una terraza de La Latina, con la misma lógica: barato, corto y con ruido ambiente suficiente para que los silencios no pesen.
Si preferís andar: Retiro, Madrid Río y Conde Duque
Caminar es, de lejos, el mejor formato para una primera cita si te pone nerviosa estar sentada frente a frente. No hay que sostener la mirada, el entorno va dando temas y el ritmo lo marcáis vosotras.
El Retiro es el clásico por una razón: es grande, es bonito y tiene mil rincones, así que el paseo puede durar veinte minutos o dos horas. El Palacio de Cristal y el estanque dan puntos de parada naturales.
Madrid Río es la alternativa menos obvia y más tranquila, sobre todo entre semana, con el puente de Arganzuela y los jardines de la Huerta de la Partida.
Y el Templo de Debod al atardecer sigue siendo el mejor plan gratis de la ciudad, con la pega de que lo sabe todo el mundo: en primavera y verano hay que ir con tiempo.
Para una versión de barrio, el paseo por Conde Duque y los jardines del Cuartel funciona muy bien y está mucho menos transitado.
Si queréis algo que comentar: mercados y exposiciones
Este formato es el más cómodo cuando alguna de las dos es tímida, porque hay algo que mirar y la conversación surge sola en vez de haber que sostenerla.
Los mercados —San Fernando en Lavapiés, Antón Martín, el de Vallehermoso— permiten picar algo, moverse y hablar sin ceremonia. Son mucho mejor plan que un restaurante para una primera vez.
En exposiciones, lo que funciona no es el museo gigante sino el formato pequeño: CaixaForum, La Casa Encendida, el Matadero o una sala de Conde Duque. Una hora, algo de qué hablar y salida natural. El Prado entero en una primera cita es demasiado compromiso.
Y el Rastro un domingo por la mañana, con caña después en La Latina, es uno de los planes más madrileños que existen y de los que mejor funcionan: se anda, se comenta y nadie se queda sin tema.
Por estación
Primavera y otoño son la temporada alta de los planes de calle: terrazas, Retiro, Madrid Río y Debod al atardecer. Si puedes elegir fecha, es cuando Madrid se lo pone más fácil a una primera cita.
Verano obliga a replantearse los horarios. De doce a siete no hay plan de calle que aguante, así que el formato es la noche: terrazas a partir de las nueve, azoteas, o los cines de verano. Y es la época con más fiestas y agenda, incluido el Orgullo.
Invierno empuja a interiores, y ahí lo que funciona son los mercados cubiertos, las exposiciones pequeñas y los cafés de toda la vida. Un chocolate en invierno es un plan corto perfectamente digno.
Tres planes que suenan bien y no lo son
El cine. Dos horas sin hablar en vuestro primer encuentro. Es un plan excelente para una tercera cita y malísimo para la primera.
La cena larga. Comprometes la noche entera, cuesta dinero y si no fluye no hay salida. Deja los restaurantes para cuando ya os conozcáis.
El plan con desplazamiento. Sierra, pueblo, cualquier cosa que implique ir en el mismo coche. Te deja sin forma de irte cuando quieras, y esa opción es justo la que te permite relajarte.
Dónde quedar si venís de barrios opuestos
Madrid es grande y esto importa más de lo que parece: si una vive en Vallecas y otra en Aluche, quedar en el barrio de una de las dos pone a la otra en desventaja desde el principio.
La solución práctica es un punto intermedio bien comunicado. Sol, Atocha y Nuevos Ministerios funcionan como referencia, pero conviene alejarse unas calles de la boca de metro para acabar en un sitio con menos turistas y menos ruido.
Y un detalle de sentido común: mirad las dos cómo volvéis a casa antes de quedar. Saber que tienes tu vuelta resuelta quita una preocupación de encima.
A qué hora quedar
Madrid tiene unos horarios propios y elegir mal la hora estropea un plan que por lo demás estaba bien.
Entre semana por la tarde, de siete a nueve, es probablemente la mejor franja para una primera cita: las terrazas y cafeterías están a medio llenar, se puede hablar, y el hecho de que al día siguiente haya que trabajar le pone un final natural a la cita sin que nadie tenga que decidirlo.
Sábado por la mañana es la opción infravalorada. Un café a las once o un paseo por el Rastro tienen una ventaja enorme: nadie llega con expectativas de noche, la ciudad está tranquila y la cita puede alargarse hasta comer si fluye.
Viernes y sábado noche es la peor elección para un primer encuentro, aunque sea la primera que a todo el mundo se le ocurre. Todo está lleno, hay que gritar para hablar y la noche arrastra una expectativa que a estas alturas no hace falta.
Y un apunte muy de aquí: si quedáis a cenar, en Madrid eso significa a partir de las nueve y media. Proponer una cena a las ocho suena a que no eres de la ciudad, y además os encontraréis el sitio vacío.
Cuánto cuesta cada plan
Conviene decirlo porque el presupuesto condiciona bastante y casi nadie lo menciona.
Gratis o casi. El Retiro, Madrid Río, el Templo de Debod, el Rastro y cualquier paseo por Conde Duque o Chamberí. Los museos municipales y varias exposiciones de centros culturales tampoco cuestan nada. Una primera cita gratis no es una primera cita pobre: muchas veces es la mejor, porque nadie está pendiente de la cuenta.
Entre cinco y quince euros. Un café en Malasaña o Lavapiés, unas cañas en La Latina, un vermut, un paseo por un mercado picando algo. Es la franja donde está la mayoría de los buenos planes de esta ciudad.
A partir de ahí. Exposiciones de pago, un concierto pequeño, una cena. Perfecto para una segunda o tercera cita y rara vez necesario para la primera.
Y una cosa práctica sobre la cuenta: lo más cómodo para una primera cita entre mujeres suele ser dividir sin hacer ceremonia. Ofrecer pagarlo todo en el primer encuentro desequilibra sin querer, y discutirlo cinco minutos es peor que cualquier opción.
Si va bien: segundas partes en Madrid
Una cosa que juega a favor de esta ciudad es que la segunda cita se propone sola, porque el plan siguiente siempre está a la vista.
Lo que funciona bien de segunda: un concierto pequeño —Madrid tiene salas para todos los tamaños—, una exposición de las grandes que no cabía en una hora, un plan de sierra un domingo, o sencillamente una cena ahora que ya os conocéis y la cena no da miedo.
Y si lo que buscas no es una cita suelta sino algo con recorrido, conviene decirlo pronto y sin solemnidad: ahorra semanas y filtra a quien busca otra cosa. Lo desarrollamos en relaciones serias entre mujeres.
Si la cita no va bien, por cierto, también está bien. Una hora es exactamente lo que cuesta descubrirlo, y para eso elegimos un plan corto.
Seguridad, sin paranoia
Si os habéis conocido por internet, aplican las mismas precauciones sensatas de siempre: sitio público, transporte propio y alguien que sepa dónde estás. No estropean nada y se hacen en dos minutos. Están en precauciones sensatas para la primera cita.
Y si todavía estáis en la fase de chat y no sabéis cuándo dar el paso, lo tratamos en cuándo proponer la primera cita.
En resumen
Corto, con algo que mirar o en movimiento, y en una zona que te pille cómoda. Café en Malasaña o Lavapiés si quieres lo seguro; Retiro, Madrid Río o Debod si preferís andar; mercado o exposición pequeña si queréis algo que comentar. Y nada de cine, cenas largas ni planes con coche.
Si acabas de llegar a la ciudad y lo que te falta no es el plan sino la gente, está en cómo ampliar tu círculo lésbico al llegar a Madrid. Y tienes las zonas y los perfiles de la ciudad en citas lesbianas en Madrid.
